El Sistema Educativo que quiere implantar Donald Trump en Estados Unidos

La propuesta educativa impulsada por Donald Trump plantea una reforma profunda del sistema estadounidense, basada en la descentralización, el refuerzo del control estatal y familiar y una revisión de los contenidos educativos. El debate sobre su viabilidad y sus efectos sigue abierto dentro y fuera del país.

La educación se ha convertido en uno de los ejes centrales del discurso político en Estados Unidos, y el modelo que defiende Donald Trump no es una excepción. A lo largo de los últimos años, el expresidente ha planteado una transformación profunda del sistema educativo, con el objetivo declarado de devolver el control de la enseñanza a los estados y a las familias, reduciendo el peso del Gobierno federal en esta materia.

Uno de los pilares de su planteamiento es la descentralización del sistema educativo. Trump ha defendido en reiteradas ocasiones la reducción del papel del Departamento de Educación federal, argumentando que las decisiones sobre planes de estudio, financiación y gestión escolar deben recaer principalmente en los estados y en las comunidades locales. Esta visión se apoya en la idea de que un sistema más cercano al territorio puede responder mejor a las necesidades reales de los alumnos.

Otro elemento clave es el impulso a la llamada “libertad educativa”. Bajo este concepto, se agrupan medidas como la promoción de los cheques escolares, las escuelas charter y otras fórmulas que permiten a las familias elegir centro educativo, ya sea público, privado o concertado. Los defensores de este enfoque sostienen que la competencia entre centros mejora la calidad educativa, mientras que sus detractores advierten del riesgo de aumentar las desigualdades entre alumnos.

El contenido de la enseñanza es otro de los puntos más controvertidos del modelo propuesto. Trump ha sido especialmente crítico con determinados enfoques educativos relacionados con cuestiones raciales, de género o identidad, abogando por su exclusión de las aulas. En su lugar, ha defendido una educación centrada en lo que denomina “valores patrióticos”, con mayor énfasis en la historia nacional, la Constitución y los símbolos del país.

En el ámbito universitario, sus propuestas también apuntan a cambios significativos. Entre ellas se encuentran un mayor control sobre la financiación pública de las universidades, exigencias de transparencia ideológica y una revisión de los programas académicos. Estas medidas han generado preocupación en parte de la comunidad académica, que teme una politización de la educación superior y una limitación de la autonomía universitaria.

Desde Europa y, en particular, desde España, este modelo se observa con interés y cautela. El sistema educativo estadounidense tiene un peso global importante, tanto por su influencia cultural como por el atractivo de sus universidades. Cualquier reforma de calado puede tener efectos en la movilidad internacional de estudiantes y en la percepción del país como destino académico.

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