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En los últimos años, los simuladores de negocios están ocupando un lugar cada vez más importante entre las herramientas de capacitación de las empresas. Este dispositivo permite que los jóvenes ejecutivos puedan aplicar lo aprendido y ayuda a perfeccionar el desempeño de quienes ya ocupan un puesto gerencial.

 

Durante años, la simulación asistida por ordenador ha jugado un papel muy significativo en los programas de formación de importantes sectores de la economía como la aviación o la industria militar. De hecho, los primeros simuladores surgen en la década de los 60 con el objetivo de reducir el nivel de error humano en los vuelos comerciales. Desde entonces el entrenamiento de los pilotos es impensable sin un simulador.

Actualmente, el modelo de simulaciones asistidas por ordenador está siendo utilizado con éxito en diversos sectores de negocio para el desarrollo de una amplia gama de competencias.  Un simulador es un programa de computación que permite poner en práctica los conocimientos que se adquieren en la escuela. Básicamente una simulación de negocio es una creación, en ordenador o en tablero, de un ambiente real de negocio con el propósito de experimentar y aprender a través de nuevas experiencias, se desarrolla a través de internet, muchas veces participan personas de diferentes países, y la diversidad de personalidades, formación y cargos se convierte en un factor clave. En los simuladores, el usuario asume un papel y ha de tomar decisiones que a su vez impactan en el entorno, la situación y los resultados de la empresa. De esta forma, el usuario aprende por la experiencia, con una base eminentemente práctica.

Las barreras técnicas y los costes de desarrollo, han sido los dos principales factores que, hasta ahora, han frenado la expansión de los simuladores como herramienta de aprendizaje. Pero las nuevas tecnologías, como Macromedia Flash, omnipresente en la formación a través de Internet, así como la creación de herramientas de autor específicas para simulaciones están abaratando significativamente los procesos de producción.  Así, podemos afirmar que a corto o medio plazo asistiremos al auge de los simuladores como herramienta de formación.

Los simuladores tienen el propósito de mostrar los aspectos claves que se deben tomar en cuenta durante las decisiones que toman los directivos de una empresa para implantar las principales actividades que se llevan a cabo durante la administración de la misma, considerando tanto los factores internos que lo afectan, así como de las variables más importantes del contexto que influyen en su desempeño. De esta manera, los simuladores permiten mostrar el impacto que causan las decisiones directivas sobre el desempeño global de una empresa. Es decir, que las decisiones que deben tomar los participantes en la simulación están relacionadas con los aspectos claves de la dirección general de un negocio o de una área específica de una empresa como las de finanzas, recursos humanos, operaciones, logística, y mercadotecnia.

Los simuladores pueden estar basados en la monoparticipación y los que exigen la multiparticipación. El primer tipo lo forman los simuladores más sencillos, pues se reducen a un diálogo máquina–participante. El alumno se enfrenta en solitario al programa.

Una de las claves de éxito de un simulador de negocio es el realismo ya que genera una experiencia más divertida, clara y educativa. La aproximación a la realidad hace más sencillo saber qué es lo que se supone que hay que hacer en el simulador, el comportamiento del simulador será plausible y razonable. Un simulador realista es, además, más educativo porque es más fácil para los participantes dibujar una correspondencia entre los resultados de la simulación y los resultados de su organización.

Otro aspecto importante es la parcela de conocimientos que pretende abarcar el simulador. La calidad del simulador, sin duda, será inferior si pretende englobar con igual intensidad “todos” o muchos aspectos de la realidad empresarial (estrategia, organización, personal, producción, costes, financiación, inversión, logística, marketing, etc.). Es preferible optar por un simulador “dedicado”, aquel que presenta una o dos facetas de la actividad de una empresa.

Los resultados indican un mayor nivel de aceptación de la simulación de negocios en contraste con otros métodos de aprendizaje por parte de los alumnos que han participado en la simulación de negocios. Entre las razones que explican este hecho se encuentra:

El conocer los resultados de las decisiones tomadas, la competencia que se produce con los otros grupos participantes, la interacción entre los miembros del grupo para discutir las decisiones a tomar, entre otras.
Permiten establecer un ambiente simulado de negocios de modo que los estudiantes puedan poner en prácticas los conocimientos sobre estrategias, así como de entender las relaciones entre las diferentes áreas de las empresas.
Los estudiantes pueden interactuar con sus similares de otras instituciones educativas a través del uso de las medios de comunicación electrónica en el intercambio de información sobre la simulación de negocios.
Los simuladores de negocios permiten que los alumnos trabajen en equipo durante el proceso de toma de decisiones y de analizar, discutir y seleccionar las decisiones más adecuadas para la empresa que dirigen.
La participación de alumnos de otras instituciones en los juegos de negocios permite incrementar el nivel de competencia y de interés.

En España, Telefónica ha incluido en sus programas de formación el uso de simuladores y ya ha puesto en marcha el primer simulador de negocio orientado a la a mandos medios, gerentes, personas que lideran equipos y aquellos que deben comprender las variables de control de gestión de la empresa.

El Simulador de Gestión de Recursos de Telefónica ha sido producido por Educaterra, empresa de Telefónica, que durante años viene trabajando en la formación basada en simulación y ha creado numerosos cursos basados en simulaciones de herramientas de gestión y aplicaciones informáticas.

Según el Instituto Danés de Tecnologías, a medida que las tecnologías de simulación se hacen más sofisticadas y más rentables a la hora de desarrollar, y con el aumento del énfasis en la evaluación de su eficacia, es probable que el mercado siga creciendo (Billhardt 2004).

De cara a futuro, es importante establecer una diferenciación clara entre simulaciones y simulador. Ya existen muchos cursos basados en simulaciones sobre todo para explicar el funcionamiento de programas informáticos o herramientas de gestión. No es lo mismo simular una acción o función que crear un simulador.

A nivel de la Educación, uno de los campos con más potencial para la aplicación de lo simuladores es la Formación Profesional. Para los proveedores de contenidos es un gran reto hacer entender a las autoridades competentes el gran valor de integrar este tipo de recursos en la FP. La principal dificultad será encontrar la financiación para crear los recursos.

En cuanto a los proveedores, las evidencias apuntan a que empresas que se dedican a la creación de videojuegos están comenzando a trabajar en el desarrollo de simuladores y, por tanto, entrando de lleno en el campo del e-Learning.