
Las personas con mayor riesgo de sufrir esta enfermedad son las que realizan viajes largos en los asientos de la clase turista.
El aumento constante de los viajes en avión, tren y otros medios de transporte de larga duración ha hecho que el llamado síndrome de la clase turista, también conocido como trombosis del viajero, cobre una relevancia creciente en los últimos años. En 2025, con una movilidad internacional plenamente recuperada y un incremento sostenido de los vuelos de media y larga distancia, la prevención de este problema de salud se ha convertido en una cuestión clave tanto para viajeros frecuentes como ocasionales.
Este síndrome fue identificado a finales de los años 90, cuando diversos estudios médicos observaron una mayor incidencia de trombosis venosa profunda (TVP) en personas que realizaban viajes prolongados en avión, especialmente en clase turista, donde el espacio entre asientos es más reducido. No obstante, hoy se sabe que no es exclusivo del transporte aéreo y puede aparecer en cualquier desplazamiento largo que implique inmovilidad prolongada.
¿Qué es el síndrome de la clase turista?El síndrome de la clase turista engloba un conjunto de trastornos circulatorios causados principalmente por la inmovilización prolongada de las extremidades inferiores en espacios reducidos. Esta falta de movimiento dificulta el retorno venoso, favoreciendo la formación de coágulos sanguíneos en las venas profundas de las piernas.
El principal riesgo es que estos coágulos se desprendan y viajen hasta los pulmones, provocando una embolia pulmonar, una complicación grave y potencialmente mortal. Según datos actualizados de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el riesgo de trombosis se duplica en viajes de más de seis horas, especialmente cuando concurren otros factores como deshidratación, cambios de presión atmosférica y condiciones médicas previas.
En 2025, los expertos insisten en que el síndrome de la clase turista debe entenderse como un problema de salud pública prevenible, siempre que se adopten medidas adecuadas antes, durante y después del viaje.
Población de riesgo en 2025Aunque el síndrome puede afectar a cualquier persona, existen colectivos con una mayor probabilidad de desarrollarlo. En individuos sin factores de riesgo, la incidencia sigue siendo baja (alrededor del 1%), pero puede aumentar hasta un 3–5% en personas consideradas de alto riesgo.
Entre los principales grupos de riesgo se encuentran:
Personas con antecedentes de trombosis venosa profunda o embolia pulmonar.
Pacientes con enfermedades cardiovasculares, insuficiencia cardiaca o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
Personas con sobrepeso u obesidad, hipertensión arterial o antecedentes cardiacos.
Mujeres embarazadas o en tratamiento con estrógenos y anticonceptivos orales.
Pacientes oncológicos o personas que se han sometido recientemente a una intervención quirúrgica.
Viajeros con hábitos de consumo de tabaco o alcohol.
En 2025, los especialistas subrayan además el impacto del sedentarismo crónico y el teletrabajo en la salud vascular, factores que pueden aumentar el riesgo incluso en personas jóvenes aparentemente sanas.
Síntomas más frecuentesLos síntomas del síndrome de la clase turista pueden aparecer durante el viaje o incluso horas o días después del desplazamiento. Es fundamental prestar atención a cualquier señal de alarma.
Entre los síntomas más habituales se incluyen:
Hinchazón en una o ambas piernas.
Dolor, sensación de pesadez u hormigueo en las extremidades inferiores.
Enrojecimiento o aumento de la temperatura en la zona afectada.
En casos más graves, cuando existe afectación pulmonar, pueden aparecer:
Dolor en el pecho que aumenta al respirar.
Dificultad para respirar (disnea).
Mareo, síncope o aceleración del pulso.
Sensación de angustia o fiebre sin causa aparente.
Ante cualquiera de estos síntomas, se recomienda acudir de inmediato a un profesional sanitario, ya que un diagnóstico precoz es clave para evitar complicaciones mayores.
Cómo prevenir el síndrome de la clase turistaLa buena noticia es que el síndrome de la clase turista es altamente prevenible. La información y la concienciación han reducido notablemente su incidencia en los últimos años. Según Belén Arcones, Directora Ejecutiva de IMF Business School y experta en Prevención de Riesgos, la adopción de medidas sencillas puede marcar una gran diferencia.
Recomendaciones generales
Si perteneces a un grupo de riesgo, consulta con tu médico antes de viajar.
Evita la inmovilidad prolongada y mantén una postura adecuada durante el trayecto.
Procura mantener una temperatura confortable y evita ropa ajustada.
Ejercicios y movimiento
Mueve las piernas cada 15–20 minutos realizando contracciones musculares.
Flexiona y extiende los tobillos, muévelos en círculos y hacia los lados.
Eleva y baja las piernas lentamente mientras permaneces sentado.
Levántate cada hora y camina por el pasillo siempre que sea posible.
Hidratación y hábitos saludables
Bebe agua de forma regular para evitar la deshidratación.
Evita el consumo de alcohol, cafeína y bebidas diuréticas.
No utilices somníferos o tranquilizantes sin prescripción médica.
Ropa y accesorios
Usa ropa holgada y calzado cómodo.
Afloja cinturones y cordones para no dificultar la circulación.
Considera el uso de medias de compresión en viajes de más de dos horas, especialmente si tienes factores de riesgo.
Medidas médicas específicas
En personas con antecedentes de trombosis, el médico puede recomendar medicación preventiva.
En casos de alto riesgo, y siempre bajo prescripción médica, puede indicarse el uso de heparina subcutánea.
Aunque el nombre del síndrome está ligado al transporte aéreo, es importante recordar que también puede aparecer en viajes largos en coche, autobús o tren, así como en situaciones de inmovilidad prolongada fuera del ámbito del transporte.
Por ello, las recomendaciones de prevención son aplicables a cualquier desplazamiento largo, independientemente del medio utilizado.
