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Expertos han realizado el estudio de diferentes mitos en los alimentos que han sido argumentados científicamente

Entre los mitos más comunes que podemos encontrar en el medio tenemos:

- La leche puede ser consumida en todas las edades: El porcentaje de intolerantes a la lactosa ha ido incrementándose en los últimos años. Sin embargo, los últimos estudios indican que sólo el 15% de la población presenta algún tipo de trastorno en relación al consumo de lácteos, según la Asociación de Intolerantes a la Lactosa de España (ADILAC), un problema ligado fundamentalmente a la carencia de la enzima lactosa que absorbe los hidratos de carbono de la leche. Esta carencia de los intolerantes a la lactosa es lo que les provoca trastornos gastrointestinales, a lo que se argumenta que en España esta patología afecta a un mínimo porcentaje de la población. También es importante desterrar la creencia de que la leche es solo un alimento para la edad infantil y que, una vez acabada la fase de lactancia, no es necesario continuar consumiéndola

- Huevos, esenciales para una alimentación equilibrada: Este es uno de los mitos más arriesgados para la población, esto se debe a que «Los huevos aportan varios nutrientes y otros compuestos como los fosfolípidos, entre los que se encuentra la lecitina, que nos podrían ayudar a disminuir la absorción intestinal del colesterol reduciendo así el riesgo de enfermedad cardiovascular», comenta la profesora Aparicio. Otra de las leyendas extendidas es que existen diferencias nutricionales entre los huevos blancos y morenos. No obstante, la diferencia de color viene determinada sólo por la raza de la gallina y nada tiene que ver con su calidad, sabor y su valor nutricional.

-La cerveza no cambia la fisionomía de tu cuerpo:  Es común el escuchar que las personas que consumen mucha cerveza pueden presentar la popular barriga cervecera, sin embargo para los expertos este tipo de barriga no existe, sino que el aumento de grasa abdominal se debe principalmente a una alimentación desequilibrada y a un estilo de vida más sedentario de lo recomendable, a tradicional cerveza de 200 mililitros contiene alrededor de 90 Kcal, por lo que no supone una gran aportación calórica teniendo en cuenta que una persona adulta debe consumir en condiciones normales entre 2.000 y 2.500 Kcal al día. Esa cerveza contiene por tanto menos de un 5% de la energía total del día. Por su parte, la cerveza sin alcohol se sitúa en los últimos puestos del ranking calórico, y en el caso de las cervezas 0,0 éstas no aportan ni una sola caloría. Los datos refrendan así que culpabilizar a la cerveza del aumento de la obesidad es ciertamente injusto.