EL SECTOR DE LA IMAGEN PERSONAL AFRONTA UN MOMENTO CRÍTICO ANTE EL CIERRE DE PELUQUERÍAS Y BARBERÍAS
Peluquerías y barberías atraviesan una etapa de especial dificultad marcada por el cierre de establecimientos y la falta de alivio fiscal. El mantenimiento del IVA sin reducción incrementa la presión sobre un sector compuesto mayoritariamente por pequeños negocios y autónomos, generando inquietud entre profesionales de la imagen personal en toda España.
El sector de la imagen personal vive una situación de creciente preocupación. Peluquerías y barberías, pilares del comercio de proximidad y del cuidado personal, se enfrentan a un escenario complejo en el que confluyen el aumento de costes, la caída del consumo y la ausencia de medidas fiscales que alivien la carga económica de los negocios. Esta combinación está teniendo como consecuencia el cierre progresivo de establecimientos y una sensación de incertidumbre entre los profesionales.
La mayoría de peluquerías y barberías en España son pequeños negocios, muchos de ellos regentados por autónomos o microempresas con plantillas reducidas. Su estructura económica es especialmente sensible a cualquier incremento de gastos fijos. Alquileres, suministros, productos profesionales y costes laborales han aumentado, reduciendo el margen de maniobra de unos negocios que tradicionalmente han operado con beneficios ajustados.
El mantenimiento del IVA sin reducción se percibe en el sector como un factor determinante de esta situación. Los profesionales coinciden en que el impuesto repercute directamente en el precio final del servicio, dificultando la competitividad y limitando la capacidad de atraer y fidelizar clientes. En un contexto de contención del gasto familiar, muchos consumidores espacian sus visitas o buscan alternativas de menor coste.
Esta situación impacta no solo en la viabilidad económica de los negocios, sino también en el empleo. La imagen personal es un sector intensivo en mano de obra, donde la atención directa y el trato personalizado son esenciales. Cada cierre implica la pérdida de puestos de trabajo y reduce las oportunidades de inserción laboral para nuevos profesionales formados en ciclos de peluquería, estética y barbería.
Las barberías, que en los últimos años habían experimentado un notable auge gracias a la especialización y a la revalorización del cuidado masculino, tampoco son ajenas a esta realidad. Muchos de estos establecimientos, orientados a una experiencia diferenciada, se ven obligados a replantear su modelo de negocio ante la reducción de ingresos y el aumento de los costes operativos.
Más allá del impacto económico, la situación tiene una dimensión social relevante. Peluquerías y barberías cumplen una función que va más allá del servicio estético. Son espacios de cercanía, puntos de encuentro en barrios y pueblos, lugares donde se genera confianza y vínculo personal. Su desaparición progresiva empobrece el tejido comercial y debilita la vida social de muchas comunidades.
El sector reclama una mayor atención institucional y medidas que reconozcan su carácter esencial dentro de la imagen personal y el bienestar. La reducción de la carga fiscal es una de las principales demandas, junto con el apoyo a la modernización, la digitalización y la formación continua. Los profesionales consideran que estas acciones podrían contribuir a garantizar la sostenibilidad de los negocios a medio y largo plazo.
La formación y la profesionalización han sido claves en la evolución reciente del sector. Peluqueros y barberos cuentan cada vez con una preparación más especializada, adaptada a tendencias, técnicas y exigencias del cliente. Sin embargo, este esfuerzo formativo pierde impacto si el entorno económico no permite consolidar proyectos empresariales viables.
A pesar de las dificultades, el sector de la imagen personal mantiene una fuerte vocación de servicio y una elevada capacidad de adaptación. Muchos profesionales buscan nuevas fórmulas para sobrevivir, diversificando servicios, ajustando horarios o reforzando la relación con su clientela. No obstante, estas estrategias individuales resultan insuficientes sin un marco que favorezca la estabilidad.
La situación actual de peluquerías y barberías pone de manifiesto la fragilidad de un sector esencial para la imagen personal y el bienestar cotidiano. La continuidad de estos negocios depende de encontrar un equilibrio entre fiscalidad, costes y consumo, que permita a los profesionales desarrollar su actividad con dignidad y proyección de futuro.
El momento que atraviesa el sector invita a una reflexión más amplia sobre el valor social y económico de la imagen personal. Peluquerías y barberías no solo cuidan la apariencia, sino que sostienen empleo, cohesión social y vida de barrio. Garantizar su supervivencia supone proteger una parte fundamental del tejido productivo y humano del país.
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