Pese a que vivimos una etapa de crisis provocada por los cambios vertiginosos, fundamentados en modificaciones que afectan a todos los eslabones de la cadena de valor de la industria audiovisual, nunca antes se habían consumido tantos productos audiovisuales como en la actualidad.
El proceso de transformación resulta especialmente complejo debido a numerosos factores que están alterando algunos aspectos básicos del modelo tradicional: eliminación total de la publicidad en TVE, la nueva Ley General de Comunicación Audiovisual, el apagado analógico, posibles fusiones de grandes empresas audiovisuales, expansión de los medios y soportes digitales que aprovechan las ventajas de la banda ancha de las redes fijas y móviles, entre otros.
En este entorno lleno de incertidumbres, los actores principales del sector audiovisual deben diseñar nuevas estrategias que les permitan aprovechar las múltiples oportunidades que se presentan en esta fase de transición con un enfoque internacional. Las dudas sobre las nuevas funciones de la producción son tan abundantes como en cualquier otro sector de la industria, aunque la reflexión sobre el poder de las marcas agrupa muchas de las ideas de los expertos consultados.
En concreto, una de las escasas certidumbres apunta hacia el valor de las marcas de los productos o de las productoras como garantía de rentabilidad y la necesidad de desarrollar conceptos que puedan exportarse y explotarse en el mercado internacional en las diferentes ventanas “transmedia”.
Para ello, las empresas españolas y su profesionales deberán concentrar esfuerzos en lacombinación de la creatividad, el uso intensivo de las tecnologías digitales en la producción y distribución, y unos planteamientos de marketing de la marca y sus productos derivados realmente innovadores para poder ser competitivos en el mercado internacional donde prima ante todo la calidad de los proyectos y productos.