Quizá te hayas topado con el término "design thinking" en alguna conferencia, taller o en una oferta de empleo. El "design thinking" es una metodología que cada vez se utiliza en más empresas, y no son pocas las que desean que los candidatos tengan conocimientos sobre este método. ¿Pero en qué consiste exactamente esta metodología? ¿Cómo lo usan las empresas? ¿Por qué es importante?

¿Qué es el design thinking?

Dicho en pocas palabras: el design thinking es una metodología para la resolución de problemas de manera creativa. Sí, como lo lees: esta estrategia, que literalmente significa «pensamiento de diseño», se utiliza para tratar de desarrollar nuevas ideas y soluciones de manera innovadora. Valiéndose de técnicas clásicas como el brainstorming y otras actividades colaborativas, el design thinking ayuda a ponerse en la piel del usuario o del cliente para ver sus problemas o cuestiones desde su perspectiva.

El design thinking se lleva a cabo de manera colaborativa, en equipo. Busca desarrollar esas soluciones innovadoras con el fin de obtener un resultado exitoso, con beneficios significativos tanto para la empresa como para los clientes. El design thinking se nutre de la intuición, del reconocimiento de patrones, de la originalidad, de las emociones. Es más: puede que en tu trabajo o en tu día a día lo hayas practicado alguna vez sin darte cuenta.

En definitiva, el «pensamiento de diseño» ha de ser fundamentalmente un proceso creativo. Las diferentes propuestas de soluciones tienen que ser estudiadas, analizadas y filtradas, para llevar a cabo al final las mejores ideas. El design thinking ha de ser original, sin complejos.

¿En qué consiste el design thinking?

Como hemos dicho antes, es importante comprender que el design thinking es fundamentalmente una cuestión de trabajo en equipo. Un grupo variado y multidisciplinar de profesionales, con pensamientos diferentes, lograrán ofrecer diversos enfoques. Esta técnica permite aprovechar las capacidades de todo un grupo. ¡Porque cada profesional es un mundo!

Aunque cada empresa puede variar algo su metodología de aplicación del design thinking, podemos hablar resumidamente de cinco etapas principales.

Design Thinking

Empatía

Es imperativo ponerse en los zapatos de los clientes o usuarios. Conocer sus necesidades es esencial para entender su realidad y, por tanto, para aportar soluciones que conecten con ellos. Pero no hablamos solo de su relación con el servicio que ofrece la empresa. También es necesario conocer cómo se involucra este con su vida diaria. El design thinking va más allá de los propios objetivos empresariales: el design thinking es empatía y estrategia.

Las técnicas para empatizar con un cliente pueden variar en función de cada situación y lo que se pretenda conseguir. Pero realizar encuestas, observar estadísticas o leer lo que se dice en la red puede ser una buena manera de lograrlo.

Definición

La fase de empatía responde a cuestiones como ¿cómo conecta el cliente con nuestro servicio?, ¿cómo se siente con él?. La información recogida en la primera etapa permitirá al equipo filtrarla y quedarse con lo que verdaderamente pueda aportar soluciones eficaces. Esta etapa se trata de priorizar, en esencia.

La información de la fase de empatía servirá para definir perfiles de usuarios o customer journey maps (entre otras cosas) que acercarán al equipo un paso más a la mejor solución.

Ideación

Hay diferentes actividades para generar ideas, para poner toda la creatividad encima de la mesa. Brainstorming, la técnica de «la peor idea posible» (worst possible idea), etc. Sea la que sea la que se use en la empresa, el fin de esta fase es la de plantear ideas sin miedo, aunque a priori puedan no parecer demasiado buenas.

Toda idea vale: después se realizará una criba, y se elegirán todas aquellas que se considere que puedan tener más valor o una mejor aplicación. Recuerda: el fin último es el de resolver un problema o responder a una necesidad de manera innovadora.

Prototipado

El fin de esta fase es la de crear un prototipo. Hablamos de manera literal: se puede crear una versión reducida del producto o servicio para verlo «en la vida real», y en el que se apliquen las ideas surgidas en la fase anterior. Imagínate: una maqueta, una versión rápida con algún programa informático… Todo dependerá del tipo de producto o servicio.

Testeo

Tras todo el proceso anterior, se llega a una fase de prueba ante los usuarios. Para esto se utilizarán los prototipos, en la medida de lo posible: a partir de los mismos, el equipo podrá acotar aún más las ideas, perfeccionarlas, prototipar de nuevo, empatizar más. Las mejoras que se introduzcan tras la fase de testeo serán aún más perfectas, más cercanas a lo que se pretende conseguir.

El design thinking: importante para las empresas

Son muchas las empresas que han nacido con esta metodología bajo el brazo, y muchas otras la han comenzado a implementar debido a los buenos resultados que con ella se suelen obtener. Como mencionamos al principio, no son pocas las compañías que incluso desean que sus futuros empleados estén formados en este ámbito. Y es que hay multitud de cursos, e incluso másteres, que abordan esta metodología de manera profunda. Es el caso del Máster en Design Thinking & Customer Experience de la EAE Business School.

El design thinking es importante para empatizar, para comprender al cliente, para crear unas soluciones mucho más eficaces. Este método permite mantenerse en todo momento con una mentalidad abierta. Da rienda suelta a la originalidad, ayuda a los empleados a considerar opciones fuera de lo común, que quizá de otra manera no se habrían planteado. Y esto es lo bonito del design thinking: quizá la idea más loca, la más creativa, se convierta en la definitiva.

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