No se puede apreciar lo que no se conoce, incluyendo al cine español

No se puede apreciar lo que no se conoce, incluyendo al cine español

"Es un gran desconocido" opina Antonio Giménez-Rico.

 

El cine español en 2025: un gran desconocido que sigue contando nuestra historia

El cine español continúa siendo, en pleno 2025, un gran desconocido, no solo para el público general, sino incluso para parte de sus propios creadores y profesionales. Esta paradoja —un cine poco visto, poco defendido y, a menudo, injustamente juzgado— sigue vigente décadas después de que figuras como Antonio Giménez-Rico ya lo señalaran con claridad: “No se le ama porque no se le ve”.

La percepción negativa que arrastra el cine español no siempre responde a su calidad real, sino a una desconexión histórica entre las películas, los canales de difusión y el público. Se habla mucho de él, se opina con ligereza, pero se consume poco. Y aquello que no se conoce, difícilmente puede valorarse.

Un cine juzgado sin ser visto

En 2025, el fenómeno persiste: gran parte de las críticas al cine español provienen de personas que no lo han visto o lo conocen solo de oídas. Esta situación genera un círculo vicioso: baja visibilidad, escaso interés, prejuicio reforzado y, de nuevo, invisibilidad.

Incluso dentro del propio sector audiovisual, algunos cineastas y profesionales han mostrado históricamente un cierto distanciamiento o rechazo hacia el cine nacional, motivado más por una falta de referencia y contexto que por un análisis profundo. Como ya señalaba Giménez-Rico, “muchos odian el cine español porque no lo conocen”.

Mucho mejor de lo que se cree

Lejos de esa imagen simplificada, el cine español es mucho más rico, diverso y sólido de lo que suele percibirse. A lo largo de su historia —y especialmente en las últimas décadas— ha demostrado una capacidad notable para adaptarse, reinventarse y dialogar con su tiempo.

Desde el cine rural y social de autores como Miguel Delibes adaptado por cineastas como Giménez-Rico, hasta el cine contemporáneo que aborda temas como la identidad, la memoria histórica, la inmigración, la precariedad laboral o los cambios sociales acelerados, el cine español ha sido un testigo privilegiado de cada época.

Valor testimonial y documental: una memoria filmada

Uno de los grandes méritos del cine español, a menudo ignorado, es su enorme valor testimonial y documental. Cada película, incluso aquellas consideradas menores o fallidas desde un punto de vista artístico, constituye un reflejo fiel del contexto histórico, político, social y cultural en el que fue creada.

En 2025, esta dimensión cobra aún más relevancia. En una sociedad saturada de contenido efímero y producciones globalizadas, el cine español conserva una mirada local, humana y contextualizada, capaz de capturar matices que otros productos audiovisuales pasan por alto.

Incluso las películas “peores” tienen valor

Una idea especialmente lúcida que sigue siendo válida hoy es que incluso las películas menos logradas artísticamente poseen un valor histórico. Son documentos de su tiempo: muestran cómo se hablaba, cómo se vestía, qué preocupaba a la sociedad, qué límites existían y qué debates estaban sobre la mesa.

En este sentido, el cine español funciona como una crónica audiovisual colectiva, donde cada obra aporta una pieza al relato común, independientemente de su éxito comercial o crítico.

Un cine tratado como “pobre”, pero esencial

Durante décadas, el cine español ha sido tratado como una especie de “cine pobre”, no tanto por su falta de talento, sino por la escasez de recursos, la fragilidad industrial y una distribución históricamente deficiente. Sin embargo, esa precariedad ha generado también una capacidad creativa singular, basada en el ingenio, la adaptación y la cercanía a la realidad.

En 2025, aunque la industria ha cambiado —con la llegada de plataformas, coproducciones internacionales y nuevos modelos de financiación—, persiste la necesidad de reconocer sus méritos sin complejos.

Nuevas generaciones, nuevas miradas

El cine español actual vive un relevo generacional significativo. Nuevos directores, guionistas y productores están explorando narrativas diferentes, lenguajes híbridos y formatos que conectan mejor con públicos más jóvenes, sin renunciar al compromiso social y cultural que históricamente lo ha definido.

Este nuevo cine convive con los grandes autores clásicos, creando un ecosistema diverso que rompe con la idea monolítica de lo que “es” el cine español.

El verdadero reto: visibilidad y educación audiovisual

Más que un problema de calidad, el gran desafío del cine español en 2025 sigue siendo la visibilidad. No se trata solo de producir buenas películas, sino de hacerlas llegar al público, contextualizarlas, recomendarlas y educar en su consumo.

La educación audiovisual, la crítica responsable y el acceso real a las obras son claves para revertir décadas de prejuicios. Solo así el cine español dejará de ser un desconocido para convertirse en lo que siempre ha sido: un reflejo honesto y necesario de nuestra sociedad.

 

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