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Son un pequeño ejército que utiliza las nuevas tecnologías como arma. Se les llama teletrabajadores y su avance en el mercado laboral parece imparable. Aunque es difícil determinar su número, algunos expertos aseguran que en España son más de 100.000 y más de 1,2 millones en Europa. Es el futuro que espera a una buena parte de los actuales empleados.

El teletrabajo es una modalidad innovadora de empleo, con un número creciente de adeptos por todo el mundo que prefieren el trabajo a distancia y sin horarios antes que los empleos tradicionales y llenos de requisitos y exigencias que ya ha ingresado en el primer mundo y se implementa con buena aceptación. Pero el trabajo a distancia requiere la utilización de medios informáticos para comunicarse y para trabajar, es ésta la principal característica que diferencia el teletrabajo del ‘trabajo a domicilio’, donde estas características no se presentan, y es ésta la principal puerta de entrada a los peligros y problemas que es vulnerable esta modalidad de trabajo.

 

En el Teletrabajo se emplean tecnologías TIC (Tecnologías de la información y la Comunicación) que son básicamente todas las que procesan información para su uso o para su comunicación. Ejemplos de estas tecnologías están el propio Internet, la computadora, el fax, el teléfono móvil, etc. Pero la más utilizada en el teletrabajo es Internet, para la navegación en la web, el correo electronico y los tradicionales mensajeros instantáneos que permiten conectar al empleado con sus superiores y colegas. Compartir experiencias y adquirir conocimientos al mismo tiempo que ejecuta labores.

Así es como el teletrabajo se erige como una alternativa laboral que cada día se vuelve más sólida y viable, y que se conduce camino a transformarse en la nueva manera en que las personas definirán su tiempo, ocupaciones y, claro, su rol social. Es por la inminencia de estos cambios que es necesario formarse en las nuevas habilidades que son necesarias cultivar y manejar con gran destreza para volverse competente y competitivo en el nuevo plano laboral de la era informática.

En un futuro cercano, el teletrabajador se convertirá en el equivalente a un operario de las sociedades industrializadas y para ello deberá especializarse, así que aquellos que inviertan su tiempo, energía y recursos en la capacitación personal y de empleados en el área del trabajo con nuevas tecnologías, en un lapso de cinco años o menos desarrollarán una ventaja competitiva que será la base para definir su estrategia de desarrollo tanto personal como empresarial u organizacional.

Pero no todas son ventajas en el mundo del trabajo desde casa y, quienes más sufren son las empresas, aunque rápidamente podrían disponer de medio que reparen la situación, hoy las empresas con teletrabajadores notan un decrecimiento en el rendimiento del trabajador contratado con esta modalidad, y el costo de realizar sobre el trabajo un control de calidad es mucho mayor al costo del trabajo obtenido por medio del teletrabajo. También la impersonalidad del trabajador, escondido tras sus propios resultados y sometido a los cánones de la productividad. Pues gracias a esa misma independencia entre trabajo y aspecto, muchas personas pueden lograr ser considerados por su valor profesional, sin necesidad de someterse a la humillación que muchas veces puede suponer la comparación o la aplicación de determinados criterios puramente estéticos.

Quizá por esto a algunas personas no les gusta nada y a otras, en cambio, les supone la única oportunidad de coger el tren del trabajo, del desarrollo profesional; compartido y simultáneo con tus propias circunstancias, independientemente de que éstas sean, familia, discapacidad, alejamiento o marginación.
No es fácil, nadie puede decir que lo sea. Hoy por hoy, en España, con los actuales índices de formación empresarial, es muy difícil convencer a un empresario de las ventajas que puede reportarle la implementación del Teletrabajo. Da igual el ahorro que suponga, da igual la independencia que reporte, todo eso queda eclipsado ante la falta de vigilancia. Parece que la única constatación posible de productividad es la vigilancia visual del empleado.

Entre las ventajas del teletrabajo están la flexibilidad horaria y la libertad de poder hacer la tarea desde cualquier lugar donde haya una computadora y una conexión a Internet. Entre los puntos en contra se cuentan el aislamiento y una sensación de tarea sin fin, debido a que, al no haber horarios de entrada y salida, es más difícil poner límites al trabajo. También la percepción de que aumenta la precarización laboral.

Y algo mucho más importante, el Teletrabajo no se encuentra en las ofertas serias de empleo, sencillamente porque no existe. Podemos encontrar ofertas de trabajo que incluyan entre sus condiciones o posibilidades la de ser realizado a distancia, pero si buscamos Teletrabajo como tal, lo más seguro, es que caigamos en las redes peligrosas de esas verdaderas legiones de generosas almas dispuestas a compartir su riqueza con nosotros, y todo a cambio de una humilde cantidad de dinero. Es precisamente la ausencia de un marco legislativo que regule esta actividad uno de los más importantes escollos. La normativa deberá ser trasnacional, ya que los teletrabajadores, con el uso de las nuevas tecnologías, realizan tareas para empresas de otros países (el caso de un traductor español que trabaja para Francia). Además, se tendrá que dotar al trabajador de la Unión Europea de armas, como programas de formación, que le sirvan para defenderse de la fuerte competencia de otros países, como Estados Unidos, donde el teletrabajo se encuentra mucho más desarrollado. En cualquier caso, antes de que esto suceda, a usted le conviene negociar con la empresa sus condiciones laborales.

Según una encuesta realizada entre directivos americanos, el teletrabajo tiene una excelente aceptación entre quienes lo practican. El resultado fue que la productividad aumenta un 58% y la moral mejora un 79%. Disminuye el estrés un 63%, el absentismo un 61% y los costes de alquiler para las empresas un 64%. Entre las ventajas teóricas destacan: la mayor posibilidad de integración de discapacitados, la mejora del tráfico, de la contaminación, el ahorro de costes empresariales y el aumento de tiempo de ocio. Pero los inconvenientes actuales también son de peso. No sirve cualquiera para ser trabajador a distancia, hay que ser disciplinado. El problema en España es que existe una cultura muy arraigada de acudir todos los días a la oficina. Al empleado tradicional español le gusta sentirse arropado por la empresa. Hay quien se atreve a decir que 'hay muchos más funcionarios de mentalidad que los que hay en realidad'. Horario fijo, sueldo fijo y rutina es el ideal de muchos asalariados españoles. La flexibilidad, tan necesaria para adaptarse a la globalización del mercado de trabajo, no parece ser uno de los puntos fuertes de este país. Amén de estas peculiaridades ibéricas, lo cierto es que las conquistas sociales de los trabajadores pueden peligrar ante el avance de los nuevos sistemas. Muchas empresas pueden valerse de esta fórmula para ahorrar costes y conseguir trabajadores en condiciones precarias.

En definitiva podemos decir que el modelo, obviamente, no es para todo el mundo. Funciona con gente que requiere baja supervisión y que tiene un ambiente libre de distracciones en su hogar, en donde se deben establecer reglas claras para evitar que la familia obstaculice el trabajo. Pero es una opción más a tener en cuenta y que porsupuesto el modelo debe desarrollarse e integrarse en nuestra vida diaria y en hacer cotidiano de las empresas.