La inteligencia artificial ya está cambiando nuestra forma de trabajar, pero quizá el mayor reto no sea aprender a usarla, sino asumir que vamos a tener que seguir aprendiendo durante toda nuestra vida profesional.

Hay una frase que se repite cada vez más cuando hablamos de inteligencia artificial: “La IA va a cambiar el mercado laboral”. Y sí, probablemente sea cierto. De hecho, ya está ocurriendo.

Lo curioso es que seguimos hablando de este cambio como si fuera algo que va a suceder dentro de unos años. Como si todavía tuviéramos tiempo para prepararnos.

Pero la realidad es bastante más sencilla: la inteligencia artificial ya está aquí y el mercado laboral ya está empezando a adaptarse a ella.

La pregunta interesante, por tanto, no es si la IA va a transformar nuestros trabajos. La pregunta es si nosotros vamos a aprender a trabajar con ella.

No hace falta convertirse en experto en inteligencia artificial

Cuando alguien escucha hablar de formación en inteligencia artificial, es fácil imaginarse cursos complicados, programación, algoritmos y profesionales capaces de construir sus propios sistemas de IA.

Pero no todo el mundo necesita convertirse en ingeniero de inteligencia artificial.

Un profesor puede necesitar aprender a utilizar herramientas de IA para preparar materiales. Una persona que trabaja en marketing puede utilizarlas para analizar información o generar contenidos. Un administrativo puede automatizar determinadas tareas. Un comercial puede apoyarse en ellas para organizar información o preparar propuestas.

Incluso alguien que nunca ha utilizado una herramienta de IA puede encontrarse dentro de unos meses trabajando con una.

Y aquí está, en mi opinión, uno de los grandes cambios que estamos viviendo: aprender a utilizar la inteligencia artificial empieza a parecerse más a adquirir una competencia digital básica que a especializarse en una tecnología concreta.

No necesitamos que todo el mundo sepa cómo funciona un modelo de lenguaje por dentro. Pero sí necesitamos que cada vez más personas sepan qué puede hacer, qué no puede hacer y cómo utilizarlo correctamente.

El problema no es la IA, sino quedarse atrás

Hace unos años hablábamos de la brecha digital pensando principalmente en quién tenía acceso a un ordenador, a Internet o a determinadas herramientas tecnológicas.

Ahora aparece una nueva dimensión.

Podemos tener acceso a las mismas herramientas y, sin embargo, obtener resultados completamente diferentes dependiendo de nuestros conocimientos.

Dos trabajadores pueden tener delante exactamente la misma herramienta de inteligencia artificial. Uno puede ahorrar una hora de trabajo gracias a ella y el otro puede no saber ni por dónde empezar.

Incluso peor: puede utilizarla mal, confiar en una respuesta incorrecta o compartir información que no debería.

Por eso la formación resulta tan importante.

En nuestra noticia sobre cómo la inteligencia artificial está obligando a cambiar la formación para el empleo hablábamos precisamente de esta nueva brecha y de las competencias que empieza a reclamar el mercado laboral.

Y creo que hay una idea que merece la pena subrayar: la formación en IA no debería entenderse como algo exclusivo para los trabajadores tecnológicos.

Debería llegar a todos los perfiles profesionales.

¿Y si aprender IA se convierte en algo tan normal como aprender Excel?

Puede sonar exagerado, pero pensemos en lo que ocurrió con otras tecnologías.

Hubo un momento en el que saber utilizar un ordenador era una ventaja. Después pasó a ser prácticamente imprescindible para determinados puestos. Lo mismo ocurrió con el correo electrónico, las herramientas ofimáticas o determinadas aplicaciones de gestión.

Hoy nadie se sorprende porque una oferta de empleo pida conocimientos de Excel, herramientas digitales o determinados programas.

Con la inteligencia artificial podría suceder algo parecido.

Dentro de unos años, quizá no sea especialmente llamativo que una empresa busque a alguien con conocimientos de IA. Lo llamativo será encontrar a un profesional que no sepa utilizar ninguna herramienta de este tipo.

Esto no significa que vayamos a tener que hacer un curso nuevo cada vez que aparezca una herramienta.

Significa algo más importante: vamos a tener que acostumbrarnos a actualizar nuestras competencias con mayor frecuencia.

Y aquí entra en juego la formación continua.

No se trata de competir contra la IA

Hay otro mensaje que convendría cambiar.

Durante mucho tiempo, la conversación sobre inteligencia artificial y empleo se ha planteado como una especie de competición: humanos contra máquinas.

¿Quién hará mejor el trabajo? ¿La persona o la IA?

Personalmente, creo que es una manera bastante poco útil de plantearlo.

En muchos empleos, el escenario más probable será otro: personas trabajando con herramientas de inteligencia artificial.

La tecnología puede ayudarnos a buscar información, resumir documentos, detectar patrones, automatizar tareas repetitivas o generar primeras versiones de determinados contenidos.

Pero alguien tendrá que decidir qué información es relevante, comprobar si una respuesta es correcta, entender el contexto y asumir la responsabilidad de la decisión final.

Por eso competencias como el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, la creatividad y la comunicación no pierden importancia con la llegada de la IA. En muchos casos, ocurre justamente lo contrario.

La formación puede marcar la diferencia

Aquí es donde creo que las empresas y los propios trabajadores tienen un reto importante.

Una empresa puede incorporar la herramienta de inteligencia artificial más avanzada del mercado. Pero si sus empleados no saben utilizarla, la inversión puede quedarse en poco más que una novedad tecnológica.

Y para un trabajador ocurre algo parecido.

Tener acceso a ChatGPT, Copilot, Gemini u otras herramientas no significa automáticamente saber trabajar con inteligencia artificial.

Hay que aprender a plantear correctamente las tareas, comprobar resultados, proteger los datos y entender las limitaciones de estas tecnologías.

Por eso cada vez tiene más sentido apostar por una formación práctica en inteligencia artificial, adaptada al nivel y a las necesidades reales de cada profesional.

No hace falta empezar pensando en grandes especializaciones. Muchas veces, el primer paso puede ser mucho más sencillo: aprender qué herramientas existen, para qué sirven y cómo pueden aplicarse al trabajo diario.

¿Estamos preparados?

Probablemente, no del todo.

Y tampoco pasa nada.

La tecnología está avanzando tan rápido que sería poco realista pensar que podemos estar completamente preparados para todo lo que viene.

Lo importante es desarrollar la capacidad de adaptarnos.

La persona que hoy aprende a utilizar una herramienta de IA quizá tenga que aprender otra diferente dentro de dos años. Y eso no significa que su formación haya quedado obsoleta. Al contrario: habrá aprendido algo todavía más importante, que es cómo incorporar nuevas tecnologías a su forma de trabajar.

Ese puede ser uno de los grandes aprendizajes de esta transformación.

No necesitamos saber hoy exactamente cómo será el mercado laboral de 2030. Necesitamos estar en condiciones de aprender cuando llegue.

La mejor defensa frente al cambio es seguir aprendiendo

La inteligencia artificial puede generar incertidumbre. Es normal.

Hay profesionales que se preguntan si algunas de sus tareas desaparecerán. Otros se preguntan si sus conocimientos seguirán siendo útiles. Y muchos simplemente no saben por dónde empezar.

Pero quizá la respuesta no sea intentar frenar el cambio ni esperar a ver qué ocurre.

Quizá sea mucho más sencillo: formarnos.

Aprender qué puede hacer la IA, experimentar con ella, entender sus riesgos y descubrir cómo puede ayudarnos en nuestro trabajo.

Porque probablemente la diferencia entre los profesionales que mejor se adapten a esta nueva etapa y los que tengan más dificultades no estará únicamente en la edad, el puesto que ocupen o el sector en el que trabajen.

Estará, en buena medida, en su capacidad para seguir aprendiendo.

Y si la inteligencia artificial está cambiando tan rápido, esperar a que el mercado laboral nos obligue a reaccionar puede no ser la mejor estrategia.

La IA no va a esperar a que estemos preparados. Nosotros tampoco deberíamos esperar para empezar a prepararnos.

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